Desarrollo Profesional

Autor: Magdalena Frontaura, Natalia Cancino
Año: 2022


  • Carlos, ¿alguna vez has pensado en ser director? 

Le preguntó Marcela Caico, la directora del Liceo Carlos Ibáñez del Campo a Carlos Cárdenas, quien en 2013 y a sus 30 años se desempeñaba como profesor de educación física del establecimiento ubicado en Fresia, comuna de 12 mil habitantes -mitad urbano mitad rural- de la región de Los Lagos.

Efectivamente, Carlos nunca lo había pensado, pero cree que el liderazgo especial que ejercen los profesores de educación física, cargados de entusiasmo y motivación, fue lo que en ese momento lo hizo destacarse frente a la entonces directora.

La primera vez que Carlos Cárdenas salió de Fresia fue a los 19 años, para estudiar pedagogía en Osorno. La segunda, 12 años después para asistir a Santiago a las clases de formación de directores, beca del Estado a la que optó luego de la esperanza que sembró en él Marcela. “Ese año -2014- terminé muerto”, dice, pues de lunes a jueves trabajaba como profesor de educación física; los jueves en la tarde tomaba un bus de Fresia a Puerto Montt, para luego tomar otro de Puerto Montt a Santiago. Llegaba el viernes en la mañana a la gran capital de Chile para estudiar y volver a realizar el mismo trayecto los sábados en la noche. Sin embargo, a pesar del cansancio y esfuerzo de esos 5 meses, afirma que la experiencia valió absolutamente la pena.

En Fresia todos se conocen: los estudiantes del Liceo son los vecinos de Carlos, son con quienes se encuentra en los partidos de fútbol. Los apoderados son parte de la junta de vecinos a la que asiste. Por ese motivo Carlos se enfrentó a un gran desafío cuando finalmente asumió como director a los 33 años en un lugar donde los directores de colegios tienen, por lo general, largas trayectorias en educación.

Carlos Cárdenas en la izquierda superior.

Él reconoce haber aceptado el cargo muy joven y con un gran vacío de conocimientos en diversas áreas, por esa misma razón, todos los años realiza al menos un curso, diplomado o magíster. Carlos siente que tiene una deuda con los conocimientos técnicos pedagógicos, aquellas aptitudes que sirven para guiar a los profesores en su mejoramiento dentro del aula y está trabajando de manera especial en fortalecerlas.

“Nuestro sello es la solidaridad y la empatía, porque sabemos lo difícil que es vivir en el sur”, dice Carlos, lamentando que sea un sello que no se puede medir en las pruebas de rendimiento, como el Simce. En Fresia no hay grandes industrias que permitan la empleabilidad y la gente, por lo general, trabaja por temporadas -sin un sueldo fijo-, o deben recorrer grandes distancias para acceder a sus trabajos. Lo mismo sucede con gran parte de los estudiantes, docentes y equipo directivo, pues al vivir en zonas rurales, deben despertarse muy temprano para llegar a las 8 de la mañana, por no mencionar cuando las lluvias afectan el terreno y muchas veces imposibilita la movilidad.

En la pandemia muchas familias no pudieron salir a trabajar y la mala cobertura de internet en la zona rural imposibilitaba la implementación de la modalidad online para algunos estudiantes, dice Carlos, aprovechando de disculparse por las reiteradas interrupciones causadas por esas similares fallas técnicas durante la entrevista. 

Debido a lo anterior, y teniendo siempre la solidaridad como pilar fundamental, Carlos junto a sus colegas decidieron, en plena pandemia, realizar una colecta de dinero para los hogares de sus estudiantes, los cuales se encontraban en una situación económica complicada. “Cada mes juntábamos entre 700 y 800 mil pesos para armar canastas de abarrotes (…) Te diría que funcionamos como una pequeña municipalidad”.

Carlos tiene diversos proyectos que busca implementar en el liceo para mejorar la calidad de aprendizaje de los y las estudiantes. Uno de ellos lo está empujando en conjunto con el Centro de Padres y busca concretar la instalación de un invernadero en el recinto educacional. El proyecto será postulado al gobierno regional y busca ser una herramienta para la especialidad agropecuaria, así como una oportunidad de utilizar los desechos de la comida Junaeb para el tratamiento de la tierra. También espera realizar una corrida escolar para la fecha de aniversario de la institución, e invitar a participar a los 84 colegios de Llanquihue.

Por otro lado, Carlos ya cuenta con la puesta en marcha del proyecto de formación dual -proceso para formar alumnos en profesiones y oficios en el que participan de forma coordinada la escuela y la empresa-. La idea de Carlos y su equipo es conseguir un aumento en la tasa de egreso con el título técnico a nivel intermedio aprobado, pues en el 2019, solo un 24% de los estudiantes lograron conseguirlo. De hecho, ya para el 2022 y gracias a diferentes convenios empujados por el equipo directivo, el 100% de los estudiantes en la especialidad de párvulos lograrán egresar con su título, lo que para Carlos es realmente gratificante.  

Para poder avanzar y despejarse a Carlos le gusta trotar en el estadio comunal. En su ritual sagrado repasa los avances que ha conseguido y proyecta lo que viene. El deporte le ayuda a bajar la intensidad de su rutina y respirar. Durante el día está en contacto con mucha gente: estudiantes, apoderados, equipo docente y directivo, así como con representantes de la comuna en general. Carlos conoce a la gente, los llama por su nombre; conoce el sinfín de necesidades que tiene la comuna y sus habitantes. Carlos es fresiano de corazón y, como director, se hace cargo de ello, intentando, desde su trabajo, mejorar las condiciones de su tan querida comunidad.


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