Desarrollo Profesional

Autor: Magdalena Frontaura
Año: 2022

Emilia Valenzuela Estrada se despierta muy temprano para manejar y evitar el taco que se produce camino al Complejo Penitenciario de Arica, territorio desértico donde se ubica su lugar de trabajo desde hace 18 años, el Liceo Técnico Profesional de Adultos Pukara- Arica, del cual es directora. Para ingresar es registrada diariamente por gendarmes en un riguroso proceso, para luego caminar largos trayectos hasta las sencillas dependencias en donde se reúnen los 25 miembros que conforman el equipo del liceo. Admite que nunca ha sido amiga de los desayunos en el trabajo, pero cuando entendió la importancia de la comunicación, y la alegría que se generaba en su equipo al compartir  durante esa media hora -previa a la jornada de trabajo- lo transformó en un rito de inicio de día. 

Emilia nunca aspiró a ser directora, más bien lo ve como una evolución y una oportunidad de esas que aparecen en la vida que no se les puede decir que no. Es profesora de historia y, en un momento en que se encontraba desempleada, le llegó un aviso de que estaban buscando docentes para una fundación educacional y postuló. Cree que debido a su currículum -que suma el egreso de un programa de doctorado en España en el área de antropología e historia- recibió una llamada con la noticia de que estaba contratada, sin entrevista previa. 

‘La dire’ -como le dice su equipo- es una mujer de fe y siempre cree que lo mejor está por venir. Su curiosidad la hace constantemente tomar cursos, leer cosas nuevas y estar atenta a la contingencia. Junto a su equipo se refieren al “medio libre” cuando hablan de lo que sucede con la educación y la contingencia en un contexto que se podría definir como “normal”, porque en las escuelas carcelarias funciona todo muy distinto y, por eso, han sido mal estigmatizadas como “el lugar invisible” -donde llegan algunos profesores a la espera de jubilarse-.

El sistema penitenciario tiene su propio ritmo y una dureza particular. Emilia asegura que la flexibilidad ha sido lo que les ha permitido prosperar. Todos los años debe armar el colegio de nuevo, revisar qué estudiantes permanecen en el penal, y quienes no, y en base a eso ver si la matrícula los sostiene. También, deben tener la capacidad de innovar rápidamente frente a las contingencias. Por ejemplo, para que los y las alumnas asistan a clases necesitan el apoyo de los gendarmes para que los custodien hasta las salas que poseen en diversas unidades. Este proceso algunas veces retrasa el inicio de clases, pero, como siempre insiste Emilia, hay que adaptarse y ser flexibles para poder alcanzar las metas educativas que favorecen la formación de los estudiantes de este complejo contexto. 

El liceo depende de la Fundación Educacional Coresol -especializados en educación en contexto de encierro- y ofrece cuatro carreras técnicas, sumando un total de 410 alumnos que se especializan en electricidad, productos de la madera, servicio de alimentación colectiva y vestuario y confección textil. No es azaroso, sino que son carreras que permitirían la empleabilidad, y, en el caso de que les cueste emplearse -como sucede en variadas ocasiones-, les permita desarrollar emprendimientos personales. Para ella sigue siendo “una espina en el zapato” lograr una vinculación directa con el sector productivo para facilitar el acceso laboral de los alumnos que egresan del liceo y mejorar las condiciones para su reinserción social. 

Los estudiantes valoran mucho que personas del “medio libre” vayan a dedicarles tiempo para que ellos aprendan, lo que les ha hecho respetar y mostrar cariño hacia el equipo docente y directivo. Emilia cree que con el trabajo que hacen han logrado impactar vidas y cuando conoce esas historias le llenan el corazón. Muchas veces se cruza en la calle con exalumnos y se reportan “directora, yo estoy súper bien, estoy trabajando (o estudiando), ésta es mi señora -la señala-”. Otras veces también se encuentra con algunos de ellos, pero, lamentablemente, de regreso en el recinto. 

Si bien ‘la dire ha recibido importantes reconocimientos, como por ejemplo; fue elegida como una de las Mujeres Líderes en Arica 2019, para ella los logros y momentos más memorables de su trayectoria son cosas muy simples: ver cómo se han ido desarrollando profesionalmente sus colegas, pues muchos de ellos llegaron con un título técnico de nivel medio, y, alentados por ella, ahora son profesores especializados. Se emociona cuando los observa realizando una actividad con pasión, cuando ve que el mensaje que transmiten es contundente y coherente con el plan educativo institucional. 

Está convencida que, en lo laboral, no hay que tomarse las cosas personales y que la verdad, por más que sea dolorosa, es la mejor receta para entenderse bien. Le gusta hablar abiertamente con los profes, diciéndoles las cosas claras, similar a lo que sucede en una familia con buenos nexos de comunicación. “En eso soy cara de palo, rigurosa; pero también amable, contenedora y comprensiva. Creo que a veces  se amparan en mi veta materna, pero probablemente te digan que soy fregada”. Sin embargo, el buen humor es una de sus fortalezas y mejores herramientas para lograr un ambiente laboral ameno.

Su equipo, si bien diverso, es gente que se respeta y trabaja colaborativamente. La pandemia repercutió fuertemente en ellos: hay quienes perdieron familiares y otros se enfermaron gravemente. La tristeza fue compartida por todos y siempre, si alguno pasa un momento particularmente difícil, el equipo se las arregla para cubrir sus clases y darle el espacio necesario para que pueda sobrellevar su situación de la mejor manera. “Si hay que aportar plata del bolsillo, lo hacemos. Somos solidarios y generosos unos con otros”. 

Emilia cree que el trabajo la eligió a ella y la ha mantenido encantada por tanto tiempo porque se ve diariamente desafiada. Sueña con que su misión educativa se valide por sí misma cuando logren que uno de sus ex estudiantes se desempeñe como docente en alguna de las especialidades del liceo, siendo un testimonio vívido de la misión de su liceo -entregar oportunidades reales de inserción social y laboral- y, en particular, del cariño y la pasión con la que hacen su trabajo.


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