Desarrollo Profesional

Autor: Magdalena Frontaura, Natalia Cancino
Año: 2022


“No tiene pelo”, le dijo Vicente a Lorena al tomar en brazos a su hijo. Vicente no ve nada debido a su discapacidad visual y vive en dependencias del Sename. Él nunca había tocado ni alzado a un recién nacido y ese momento de confianza que le permitió Lorena no lo olvidó nunca. 

Lorena Siqués es directora del colegio Hellen Keller de Ñuñoa (RM) -para estudiantes con discapacidades visuales- desde hace 5 años. Estudió Educación Diferencial en la Universidad Católica de Valparaíso y sus primeros pasos en el mundo laboral fueron en una escuela hospitalaria y en un colegio para niños autistas de la quinta región. Luego de realizar un magíster en discapacidad múltiple y especializarse en temas relacionados con autismo, postuló a un colegio para niños con discapacidades visuales en Santiago.

A pesar que la discapacidad visual no era su área de expertiz, Lorena sí tenía cercanía con el tema. A sus cuatro años de edad estuvo un mes sin poder ver debido a las vendas que tenía en sus ojos tras la cirugía para corregir su estrabismo. Aunque recuperó su vista, la experiencia le permitió comprender muchas de las adversidades diarias que viven las personas con discapacidad visual: si su abuela cambiaba de lugar algún objeto de la casa -que ella se aprendió de memoria en aquel mes- de inmediato se tropezaba con él.

El colegio Hellen Keller recibe a niños, niñas y jóvenes con baja visión, discapacidad visual completa, u otras discapacidades -siempre y cuando tengan problemas en la visión-. “Hay estudiantes -y profesores- que no ven, algunos que sólo ven con ayuda de una lupa, algunos que ven luces, otros de manera borrosa, sólo por los lados; cada uno tiene su condición particular, pero aquí hacemos de todo, no es un tema no ver”, dice, narrando y recordando las diversas experiencias a las que se han aventurado en el recinto: tenis, atletismo, fiestas de graduación, etc.

Lorena Siqués a la izquierda, junto a parte de su equipo.

Las aulas están compuestas por ocho estudiantes por nivel -desde kínder a octavo básico-, mientras que las especializaciones o “talleres laborales” -artesanía, masoterapia, huerto y envasado de frutos secos-, vendrían siendo la ‘educación media’ y los y las adolescentes pueden permanecer hasta los 26 años. La masoterapia es la única especialidad reconocida por el Ministerio de Educación. Estos talleres se imparten para jóvenes que presentan discapacidad múltiple, que no pueden acceder a la educación media en un liceo TP y quieren desarrollar habilidades para realizar emprendimientos -o similares-. Lorena asegura que el próximo desafío que intentará abordar es la trayectoria de aquellos jóvenes que permanecen en los talleres.

El resto de los estudiantes -un porcentaje variado según cada generación- salen de octavo básico y se van a diversos colegios a estudiar la educación media. A Lorena la llena de orgullo ver cómo crecen y van siendo más autónomos. Ella misma contacta por teléfono a quienes recibirán a sus estudiantes en los diversos establecimientos, asegurándose de que saben que llegará alguien con discapacidad visual y que estos cuentan con los implementos necesarios para su desarrollo escolar. Además, les hace seguimiento para ver si logran adaptarse bien.

La directora recuerda con orgullo la historia de dos hermanos gemelos -que tienen ceguera total- y participaron del taller de envasado de frutos secos . Ellos hoy en día venden mermelada casera con el apoyo de su mamá. Los gemelos cumplen con la tarea del envasado, mientras que su madre cocina la mermelada. Lorena destaca que la tarea de los hermanos, pese a ser simple para otros ojos, para ellos es una habilidad para desenvolverse y se contentan de poder aportar al negocio familiar, mantenerse activos y en constante desarrollo de sus habilidades.

Lorena, desde que asumió su cargo, ha intentado mostrarle a su equipo que las cosas sí funcionan a través de un liderazgo participativo, motivándolos a asumir desafíos por su cuenta. Cuando llegó al puesto de directora, una de las cosas que más le preocupaba – al ser una aficionada de los libros- era poder enriquecer la biblioteca con más opciones de libros en braille y macrotipo para sus estudiantes. Así, ella misma se encargó de comprar libros y, junto a sus colegas, comenzaron a transcribirlos en braille para permitir a sus estudiantes el placer de leer y transportarse a otras realidades. Esto escaló al punto que, actualmente, Lorena junto a su equipo están elaborando una actualización del manual de estrategias de enseñanza del braille, algo completamente vanguardista en Chile.

Pero éste no es el único ejemplo en el que la directora ha ido más allá: ¿Quién hubiera pensado que personas con discapacidad visual pudiesen contemplar un eclipse total? El 2 de julio de 2019, mientras algunos se trasladaban de lugar para presenciar de mejor manera el fenómeno, o aseguraban sus lentes para ver el espectáculo, en el colegio Hellen Keller intentaban que sus estudiantes pudieran vivenciarlo de alguna manera. Así, con el apoyo del Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS) y el Ministerio de Ciencias, sus estudiantes lograron disfrutar un eclipse por primera vez donde, a través del Braille, material táctil y sonido pudieron imaginar y sentir un eclipse total.

Además del desafío que significa liderar este establecimiento, el colegio nunca se encuentra vacío. Hay estudiantes que viven de lunes a viernes y Lorena con su familia comparten mucho tiempo con los ellos, pues asegurarse de que estén bien y no les falte nada para la directora es esencial. Lorena agradece que sus hijos puedan compartir con personas con diversas capacidades, lo que les ha permitido desarrollar y formar su carácter de manera distinta.

¿Cómo sería enseñarle a un niño que no ve lo que es la luz?, ¿cómo ayudarlos a desplazarse con la ayuda de un bastón? 

“La sociedad muchas veces piensa que estas escuelas son como guarderías, o un lugar donde los niños van a jugar. Aquí hay mucho trabajo serio y profesionalismo y eso me encantaría transmitir”, dice Lorena, quien cree en las capacidades de las personas en situación de discapacidad desde una mirada positiva, no desde la pena y solidaridad; construyendo así una educación de calidad que valore y respete las diferencias. 


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